Sorolla y ella
Los que saben de arte; dicen que el arte no vale nada, sólo el valor que tú le des.
Una mujer de 91 años que vive en su casa, que poco puede ver, pero que guarda en su memoria esos tesoros que parecen ser islas flotantes de lo que recuerda y de de alguna forma poder decir, “aquí sigo”.
Mujer valiente, aferrada a la vida, con el tic tac sobre ella; sin quejarse. Resiliente. Recordando con frecuencia a sus padres, sus hermanas y la patria que dejó para hacerse mexicana.
En su memoria tiene colgadas algunas cosas. Como esos armarios desordenados que hay cosas de valor pero nada en su lugar, ni tampoco con mucha luz o claridad.
Dentro de esos pocos pero valiosos recuerdos; tiene claro que tiene colgado junto a la puerta que le hace frente a su reposet una pequeña reproducción del famoso cuadro de Joaquin Sorolla, “Paseo a orillas del mar”.
Está finisima pintura; dulce y suave, que representa la vida cotidiana de Valencia en la playa y el mar. El maestro Joaquin Sorolla logró como pocos captar y plasmar con elegancia el color, textura, la frescura de la costa. A través de su paleta de azules, blancos y dorados como la luz del sol. Dominó la técnica y belleza.
Escenas de personas disfrutando paseos en la playa, bañistas. Enmarcan un ambiente de ocio, diversión, belleza y armonia. A traves de pinceladas sueltas captando los reflejos de luz, la sombra y las olas.
La brisa, las risas, el viento, los vestidos, la pausa, la no prisa, congelar el momento y congelar el tiempo. Se congela el tiempo cuando estoy en el brazo del reposet dandole la mano a mi abuela. Las dos viendo aquella reproducción del cuadro de Sorolla.
-¿Sabes que es su mujer Cleotilde y su hija Maria?
-Sé que son dos mujeres, pero yo siempre he pensado que son Amelia y Carmina. Mis hermanas. Las dos que caminan y me esperan para dar ese recorrido entre olas y viento.
¡Qué arte tiene la vida cuando tiene sentido!
Me encanta recuperar a mi abuela, aunque sea a través de esas pequeñas historias que duran apenas unos instantes. Con su voz llena bajita y su mano fuerte apretando la mia.
¿Qué valor tiene el arte? -El que tú le das.
¿Qué valor tiene la vida?- El que tú le des.
Me gusta saber que puedo encontrarla a traves de pinceladas sueltas de Sorolla. A traves de las interpretaciones sueltas del espectador. Porque el que sabe de arte bien sabe que vale el valor que le des. Pero, la que sabe de la vida… es mejor escuhar.
Sorolla, sigue pintando historias a traves de esos mares de pinceladas y de luz.
Su pasión, retratar imágenes de la vida contemporánea. Su realidad; seguir dando pie a historias contemporaneas, 100 años después de haber muerto.
El legado de Sorolla y el amor de mi abuela por su obra me han acompañado a lo largo de los años. Cada vez que vengo a visitarla, y me siento en su reposet, y paso con mis dedos esas venas saltonas de la mano, y huelo a su perfume aires del tiempo. Vuelvo a encontrarme con Sorolla, que sin pretenderlo. Sigue escribiendo nuevas historias.
A traves de los ojos de Sorolla. Nace el impresionismo español. A traves de los ojos de mi abuela, que supongo tambien tendra una vision parecida a la de un impresionista, nace un vinculo a su lugar sagrado.
Ese paseo en la playa donde algun dia no seran dos mujeres, si no tres. Las que con toda calma pasean en las playas de Valencia envueltas en viento, en brisa, en te quieros y en para siempres.
Me quedó con lo que me hace sentido en hacer del arte un refugio personal para que entonces el arte pueda tener valor. El arte, un refugio, Sorolla, mi abuela, las hisotrias reescritas son lo que seran alquimia para transformar pinceladas en esta mano que con toda la fuerza del recuerdo y del amor, no suelta la mia.