Un mundo raro

Dos novios enamorados en una pista bailaban su canción de bodas. “Un Mundo Raro”. Parecía ser poesía y ajeno. Hoy, vivimos en un mundo raro

Joaquina. 90 años. Una señora bien vestida, con la manicura perfecta de toda la vida. Collares, medallas, pulseras, a juego, una historia en cada una de ellas. Enamorada de su historia y de su vida. Así era Joaquina, quien toda su vida ha sido construida de su verdad.

Una tarde, comentaba en una sobremesa, agarrada a la mano de su amado esposo, Joaquín, que la canción que bailaron hacía ya 65 años el día de su boda fue, “Un mundo raro”, y parecía ser sólo una letra, pero hoy muchos años después se habían metido dentro de la canción, pues vivimos en un mundo raro.

Difícil tener claridad en un mundo tan polémico, tan radicalizado, tan enojado, tan conectado. Donde es indispensable pertenecer a la inmediatez de cómo se mueve el tiempo, las noticias, las tendencias. Donde las minorías dominan a las mayorías. Dónde todo cabe, y lo de antes ya no cabe. Dónde todo es efímero y el mundo realmente se hizo raro.

Dónde las promesas de te quiero para siempre se desvanecen cada día con más frecuencia. Donde ser “normal” ya no es normal, donde existe un inmenso universo para la inclusión; de género, de religión, de moda, de tendencias.

Un mundo raro donde los mapas se colorean del mismo color. Donde parece que el tiempo en cuestión política vamos para atrás.

Donde no los más brillantes son los líderes. Dónde el mundo se hizo chiquito y estamos a un clic de distancia.

Dónde el arte se basaba en las grandes academias, y hoy, es efímero, intangible, lejos de la técnica y arropada en los conceptos, en tu propia interpretación. Y posiblemente; aquí está una ventana para entender por qué es un mundo raro.

Pues ahora vemos el mundo desde nuestra propia visión. Desde nuestra ventana programada. Ahora se vale ser, se vale expresar, se vale decir, se vale ser nosotros mismos. Quizás eso lo haga raro. Pero lo hace rico. Lo hace nutritivo e indigerible para una mujer de 90 años.

Donde hay reglas, mismas que pueden ser cuestionadas antes que respetadas. Donde la libertad y el libertinaje es una línea muy delgadita.

Pero olvidamos que al final de cada camino todo es perfecto. Olvidamos que el pasar en este mundo raro es para nosotros. Que debemos de estar conscientes del andar, del caminar. Un pie en la tierra y otro en el agua. Donde el “fomo” no sea quien dicte tu andar.

Que no te desborde nada, que todo es parte de forjar un mundo interior para poder confiar en ti. En tu poder del vuelo, y no en las ramas que sostienen, pues estas finalmente no son tú.

“Es preciso decir una mentira”, dice la primera estrofa de la canción. ¿Cuántas veces no podemos empezar o bien terminar un camino si no es empezando por una mentira? ¿Cuántas veces necesitamos soltar y olvidar y simplemente colaborar a vivir este mundo raro? ¿Cuántas veces es necesario quitar de lo que no eres y recordar a que viniste? ¿Cuántas veces pesa más el equipaje que los sueños?

Raro, siempre ha sido. Pero ahora nosotros estamos en él, y son los grilletes del deber ser lo que nos atan a ser libres y de verdad poder emprender el viaje al que estamos destinados. Donde debemos dejar todo para llegar a conquistarnos, y como dice la canción: “Di que vienes de allá de un mundo raro”.

Venir de un mundo raro donde no se ha sufrido, donde no se ha llorado, y donde, cómo Joaquina, “Hablará de su amor como un sueño dorado”.

¡Qué razón tiene Joaquina! Haber nacido hace 90 años y pedirle que entienda el mundo de hoy, donde ella sigue perteneciendo, a este mundo raro.

Joaquina, no viene de un mundo raro. Ella vive en su mundo que para nosotros es raro. ¿De dónde me agarro? Pensaba Joaquina. De la mano de mi Joaquín. Y así poder bailar, un mundo raro.

POR PAOLA ALBARRÁN

paolaalbarran1@gmail.com 
IG: @paolaalbarran

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